domingo, 5 de agosto de 2012

Una vez

No era la mejor clienta, pero pagaba y en ese pueblo era novedad,
el humo no salía de los tejados, sino de los lados,
de los lados al cuadrado, de los cuadros, de las casas sin pintar.

Siempre pensé que era Madrid y era Londres, me equivocaba de lugar,
la arquitectura, la ternura de la niebla clara cada vez era más,
sofocaban las gargantas y el té era a las 6, a las 6 y 10.

No era la más alta, pero llegaba donde tenía que llegar,
llevaba carteras transparentes para que vean su interior,
pero su alma estaba envuelta de cortinas de metal.

Pensé que era Marsella, por el clima, pero no,
me fijaba en la postura, en las piernas, en el eje,
porque un gato siempre llora cuando acusan al ratón.

No era la más simple, pero vueltas no tenía,
le faltaba 1 tía, 2 abuelos y razón,
corazón tenía, porque sentía que latía, solo por eso, solo por hoy.

Una vez, ves, una vez, sino la ves,
no era la más sincera pero mentía de 3 a 3.