jueves, 3 de mayo de 2018

Algunas pequeñas cosas/ Parte 1

Caminatas, la juventud agarrada a un dialogo que se espera que tarde un buen rato,
pelota desinflada acompaña y escucha pero no nos dice nada,
olor a parque, que es muy distinto al olor a pasto mojado, o a pasto a secas, es olor a parque,
el parque de tu barrio tiene el aroma mas lindo del mundo, por eso nos acostábamos y refregábamos
un tiempo acorde para que se nos quede de por vida.
El tiempo era mas holgazán, porque es así, hay un momento en donde el tiempo elonga,
flexiona, se toma tiempo al tiempo mismo de el y lo deja enmarcado en alguna parte de nosotros.
Acordarse no es tristeza, ¿o es que ya somos tristes por defecto, por diseño?,
si alguien importante nos sacudió el corazón, temblamos, una energía nos mueve,
como la que te hace caminar todos los días, es un sismo ligero, pero permanente.

Todos tenemos un lugar en el mundo, no es agarrar una esfera y girarla,
no es imaginar el lugar mas lindo, no es escuchar y creer la realidad de otro,
todos sabemos cual es, algunos tratamos de hacer de cuenta de que quedo en alguna realidad lejana, pero esta ahí y siempre podemos volver, pero no queremos.
De echo somos argentinos, para que leer si nosotros escribimos.

Tenemos humedad en el corazón, grises de San Telmo,
olor a asado en la camisa, poesías en las montañas,
arrabal en el fútbol mal jugado, gritos de goles atragantados,
tango en los bodegones atendidos por salsa con albóndigas,
chusmas primogénitas de Dumbo, amigos disfrazados de familia
y las mujeres mas hermosas del mundo...

Y el olor a parque te queda de por vida.